“En las primeras sesiones de terapia psicolítica, las experiencias transpersonales no suelen presentarse pero son, sin embargo, bastante frecuentes en las sesiones posteriores, cuando el sujeto ha trabajado e integrado ya el material procedente de los niveles psicodinámicos y perinatal. Tras la experiencia de la muerte y el renacimiento del ego, los elementos transpersonales tienden a dominar las sesiones psicolíticas posteriores.
El denominador común de todas las experiencias que abarca este rico y amplio abanico de fenómenos es el sentimiento de que la consciencia individual se expande más allá de las fronteras y limitaciones espacio-temporales habituales.
Experiencias embrionarias y fetales
En este nivel, son muy frecuentes los episodios vívidos y detallados que recuerdan acontecimientos concretos de la vida intrauterina del individuo.
Como ocurre en el caso de la reviviscencia de recuerdos procedentes de la niñez y la infancia, la autenticidad de estos acontecimientos intrauterinos sigue sin estar rotundamente demostrada. Pareciera, por tanto, más adecuado referirnos de momento a ellas como experiencias que como verdaderos recuerdos aunque, no obstante, en ciertas ocasiones he podido ratificar la veracidad objetiva de la experiencia tanto por parte de la madre como por cualquiera de las demás personas implicadas.
Cualquier investigador que acometa el estudio de los fenómenos transpersonales que pueden presentarse durante las sesiones con LSD, debe estar dispuesto a presenciar hechos y coincidencias tan desconcertantes que pueden hacer vacilar las creencias científicas imperantes y poner seriamente en cuestión la validez de algunos postulados fundamentales ampliamente aceptados y compartidos.
Las experiencias arquetípicas y las secuencias mitológicas complejas
Un importante grupo de experiencias transpersonales propias de las sesiones con LSD son aquellos fenómenos a los que C. G. Jung se ha referido con frecuencia con términos tales como imágenes primordiales, constantes del inconsciente colectivo o arquetipos.
En algunos de los arquetipos más universales, el sujeto puede llegar a identificarse con los roles de la Madre, el Padre, el Niño, la Mujer, el Hombre o el Amante. Muchos de estos roles universales son experimentados como sagrados y se hallan ejemplificados en los arquetipos de la Gran Madre, la Madre Terrible, la Madre Tierra, la Madre Naturaleza, el Gran Hermafrodita o el Hombre Cósmico. Otros arquetipos propios de las sesiones avanzadas con LSD son aquellos que representan ciertos aspectos de la personalidad del sujeto, tales como la Sombra, el Animus, el Anima o la Persona.
También es frecuente que, en este nivel, individuos que carecen de la adecuada preparación académica relaten historias sobre detalles mitológicos propios de temas procedentes de Mesopotamia, India, Egipto, Grecia, América Central y otras partes del mundo. Estas observaciones guardan cierto paralelismo con la descripción que hace C. G. Jung sobre la aparición de ciertos temas relativamente desconocidos pero inconfundiblemente arquetípicos en los sueños de niños o de pacientes con escasa formación así como en la sintomatología que presentan determinados esquizofrénicos.
En otro lugar hemos mencionado que, como consecuencia de las sesiones con LSD, ciertos sujetos han intuido sistemas completos de pensamiento esotérico. Así, por ejemplo, individuos que ignoraban por completo la cábala han tenido experiencias descritas en el Zohar y en el Sepher Yetzirah y han demostrado una sorprendente familiaridad con toda la simbología cabalística. Este tipo de visiones también ha sido observado con respecto a ciertas formas antiguas de adivinación, tales como el I Ching y el Tarot, por ejemplo.
La activación de los chakras y el despertar del poder serpentino (kundalini)
Muchas experiencias transpersonales que aparecen en las sesiones con LSD manifiestan un sorprendente paralelismo con fenómenos que diferentes escuelas de Kundalini Yoga asocian a la activación y la apertura de los chakras. Este paralelismo no sólo se presenta en experiencias de una naturaleza positiva, ya que la fenomenología y las consecuencias de las sesiones con LSD mal dirigidas o pobremente integradas es muy similar a las complicaciones que acompañan a las prácticas de Kundalini Yoga que carecen de una guía adecuada. En general, el sistema de los chakras parece proporcionarnos un valioso mapa de la consciencia que puede ser de gran ayuda para tratar de comprender y explicar muchas de las experiencias inusuales que aparecen en las sesiones con LSD.
Entre todos los sistemas del Yoga, el Kundalini es el que presenta mayores similitudes con la psicoterapia con LSD. Ambas técnicas son capaces de liberar instantáneamente una enorme cantidad de energía, suscitar experiencias profundas y dramáticas y producir resultados impresionantes en un período de tiempo relativamente breve. Por otro lado, si no se lleva a cabo bajo una supervisión o una guía adecuada, este tipo de práctica también supone un riesgo y puede llegar a ser bastante peligroso.
La conciencia de la Mente Universal
Ésta es una de las experiencias más profundas y completas observadas en las sesiones con LSD. Cuando el individuo se identifica con la conciencia de la Mente Universal, siente que ha abarcado experiencialmente la totalidad de la existencia. Entonces comprende que ha alcanzado la realidad que subyace a todas las realidades y que ha encontrado el principio supremo y último que subyace a todo Ser. En este nivel, las ilusiones de la materia, el espacio, el tiempo y un número ilimitado de otras realidades subjetivas, son trascendidas completamente y reducidas, en última instancia, a la modalidad única de conciencia que les sirve de fuente y denominador común. Esta experiencia, insondable e inefable, carece de límites, es la existencia misma. La comunicación verbal y la estructura simbólica de nuestro lenguaje cotidiano se muestran ridículamente inadecuados para captar y transmitir la naturaleza y la cualidad de este tipo de experiencia. En este contexto, la experiencia del mundo fenoménico y de lo que denominados estados habituales de conciencia parecen ser aspectos sumamente limitados, idiosincráticos y parciales de la conciencia omniabarcante propia de la Mente Universal.
Para referirse a este tipo de experiencia los sujetos recurren con frecuencia al lenguaje poético que, aun siendo todavía imperfecto, parece ser el instrumento más adecuado y preciso para intentar comunicar la experiencia. Podemos entender así por qué muchos grandes videntes, profetas y maestros religiosos han recurrido a la poesía, la parábola y la metáfora para tratar de transmitir sus visiones trascendentales.
La experiencia de la consciencia de la Mente Universal está estrechamente relacionada con la conciencia de la unidad cósmica (aunque no es idéntica a ella). Ambas presentan aspectos equivalentes como, por ejemplo, las visiones intuitivas del proceso de creación del mundo fenoménico tal como lo conocemos y del concepto budista de la rueda de la muerte y el renacimiento. Estas experiencias pueden desembocar en la sensación más o menos persistente de que se ha alcanzado una comprensión global, irracional y transracional de los problemas ontológicos y cosmológicos fundamentales que condicionan nuestra existencia.
El Vacío supracósmico y metacósmico
El último y más paradójico de los fenómenos transpersonales es la experiencia del Vacío supracósmico y metacósmico, de la vacuidad primordial, de la nada y del silencio, de la Totalidad “suprema increada e inefable” que constituye la fuente y el sostén último de toda existencia. Los términos supra y metacósmico han sido descritos por individuos con cierta preparación que se han sometido a sesiones con el LSD y se refieren al hecho de que este Vacío parece trascender –y, al mismo tiempo, ser inmanente- al mundo fenoménico. Está más allá del tiempo y del espacio, más allá de la forma, más allá de toda diferenciación experiencial, más allá de todas las polaridades (como el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la inmovilidad y el movimiento, el sufrimiento y el éxtasis).”[1]
[1] Grof, Stanislav (1994). “Los Dominios del Inconsciente Humano: Observaciones Sobre la Investigación con LSD”. En Walsh, Roger & Vaughan, Frances (Eds.). Trascender el Ego. Barcelona: Kairós.

Publicado por Rodolfo Plata en abril 30, 2010 at 8:30 pm
El renacimiento prescrito por Cristo Nicodemo, se sustenta en las enseñanzas herméticas de la transformación humana que prescriben el despertar psíquico para extinguir los conflictos de nuestro ego viejo y poder renacer con un ego nuevo integralmente relacionado. http://www.scribd.com/doc/17143086/EXPLICACIÓN-CIENTÍFICA-DE-CRISTO-Y-SU–DOCTRINA–A-LA-LUZ-DE-LA-FILOSOFÍA-CLÁSICA-Y-MODERNA–Y-EL-MISTICISMO–UNIVERSAL
Publicado por Rodolfo Plata en abril 30, 2010 at 8:33 pm
La comprensión de los fenómenos espirituales que se dan en los estados alterados de conciencia, para sanar el alma de sus heridas profundas, y propiciar trasformaciones convenientes para si mismo y la sociedad, mediante prácticas terapéuticas que armonizan el cuerpo, la mente y el espíritu. Son interés primordial de las religiones budista, cristiana, hinduista, el misticismo, la filosofía clásica y moderna y la psicología clínica.
Publicado por Rodolfo Plata en abril 30, 2010 at 8:34 pm
LOS VALORES SUPREMOS DE LA TRASCENDENCIA HUMANA Y LA SOCIEDAD PERFECTA DEBEN FORMAR PARTE DEL CURRICULO ESCOLAR LAICO, A FIN DE EXPLICAR CIENTÍFICAMENTE A CRISTO Y SU DOCTRINA: La relación entre la fe y la razón, la religión, la ciencia y la educación, se enmarca en el fenómeno espiritual de la trasformación humana abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo y sus jornadas y metas descritas metafóricamente por los poetas místicos del Islam; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Congruencia que da certidumbre a la unión inseparable entre la fe y la razón, enseñada parabolicamente por Cristo al ciego de nacimiento para disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad, haciendo un juicio justo de nuestras creencias (Jn IX, 39).